Raúl Iturra
...o que um filho diria a um pai que se importa com ele, toma conta e é feliz…por ter um pai por perto….e não compra o filho e vai-se embora….ensaio de etnopsicologia da infância…
À minha descendência
Feito
Porque de certeza não foi o espírito que me criou. Faz já dez anos. Não foi o espírito que entrou no corpo da minha mãe e depositou aí o meu corpo. Diz a minha mãe que foi ela quem me trouxe ao mundo. Que me pôs neste mundo. Que me deu à luz. Que entregou o meu corpo à família e ao pai. E aos vizinhos. Que me viram no dia do baptismo. Diz a mãe que me levou-me no seu ventre durante cumprido tempo. Diz a mãe. A mãe sempre diz todo o que ela sofreu comigo dentro. Diz que sofreu por ter que acordar à noite para me amamentar. Diz a mãe que teve de mudar as minhas fraldas milhares de vezes quando era pequeno e não sabia usar penico. Diz a mãe.
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domingo, 26 de setembro de 2010
sexta-feira, 21 de maio de 2010
Mis Camelias-2
Raúl Iturra
Las dos tuvieron ese permanente desmame cuando eran pequeñas, que no ha causado heridas en su sicología, por lo que nos parece a mi mujer y a mí. Eugenia salió para Escocia con esos referidos nueve meses y, en nuestra primera casa de Edimburgo, Craigentiny Crescent 32, - casa de dos pisos, muy suntuosa, que mudamos por causa del frío, para vivir después en un departamento sito en la calle Carelton Terrace 9a, enfrente de Holyrood Palace, la residencia real de Gran Bretaña en Escocia, y , antes, de los reyes escoceses Stewart o Estuardos, cuya historia está narrada en la siguiente entrada Internet[4]-, decía que esa nuestra primera casa de Edimburgo estaba cerca de, para nosotros, ese mar muerto del norte del Reino Unido. Muerto, porque nuestro mar tenía olas, era el Océano Pacífico, que de Pacífico no tiene nada, siempre hay temporales, lluvia, tsunamis, olas muy grandes, todo lo que faltaba en el denominado Mar del Norte, nuestro paseo habitual los Domingos sin nieve -pocos y raros-, pero el frío nos fortalecía.
Nuestro mejor momento del día, era cuando Eugenia, con sus nueve meses, era sentada en su bacinilla, para los rituales estomacales de la mañana, y jugaba al pié de la chimenea siempre encendida, sentada en su trono, y nosotros, a leer el diario Internacional de Chile, El Mercúrio, que nos era enviado por mi suegra, y para leer las cartas largas, muy largas, de nuestras madres, especialmente de la mía. En Edimburgo, había un día de la semana que era sólo para Gloria salir y pasear y encontrarse con amigos. En mi ceguera académica, no gozaba estar sólo con Eugenia, siempre leyendo, en cuanto mi mujer vitrineava, aún no teníamos amigos. Si Gloria se atrasaba, yo la recibía enojado, ella, en su cariño, pedía disculpas. Yo, en el mío, la besaba y decía: m"hijita, para una vez que sale, claro que te puedes demorar... Los Domingos eran sagrados, siempre almorzábamos fuera, con una silla especial para Eugenia, que comía con las manos, como Gloria le había enseñado aún en sus siete meses, en nuestra casa de Viña del Mar. Recuerdo dos hechos. El primero, que pedíamos tallarines a la italiana, y nos eran traídos tallarines con salsa de tomate o Boloñesa... ¡sin carne! Estábamos habituados que los tallarines a la Boloñesa eran con salsa de tomates y carne. Pero los italianos los comen sólo con salsa. ¡Por eso que el plato de comida era tan barato!. El otro, que, antes de nacer Camila, estaba yo un día sentado en nuestra casa de Talca, después de volver de Edimburgo, a pensar y, sin darme cuenta, nuestra hija Eugenia se levantó de su silla y dijo: "Papá, algo hace falta, no sé, no sé, pero ni pareces mi papá. ¡Ah, ya sé! ¡Y me pasó un libro! Lección de la niñita de esos días, que no he olvidado ni debo olvidar hasta el resto de mi vida. Como ella también hace, hoy en día. Adulta, lee con sus hijos, nuestros nietos, como nosotros leíamos con ella y la ya nacida Camila, que se dormía con los cuentos de Tolkien, más tarde, en Cambridge, en nuestra casa de Bateman St.53. Ella esperaba que yo jugara con ella, que la entretuviera, que le dedicara mi tiempo, como hacíamos en Escocia. Había una gran diferencia, que ella no podía entender en sus cortos años: en Escocia, éramos solo tres de nosotros y esa falta de familia para los latinos, es como una maldición, era un mal de ojo[5], ese ojeado o maldición, en el cuál creemos tanto los latinos. No es por ser arrogante, es por ser verdad que digo que nunca tuve esa premonición del llamado mal ojeado Nunca nada es de su responsabilidad, siempre todo es de la responsabilidad de otros, las personas no invierten porque, después de realizar un negocio, puede pasar puede pasar un gato negro enfrente de nosotros de la izquierda para la derecha, la persona queda parada, el negocio, con certeza no debe resultar y, para espantar la maldición, rezan un Padrenuestro o tres Ave Marías, para deshacer el encanto, o, aún más, hace gárgaras de agua con sal, o salmuera como sahumerio, lo que he como he visto hacer entre los trabajadores rurales con los que he convivido y analizado, en la Cordillera de los Andes.
Las dos tuvieron ese permanente desmame cuando eran pequeñas, que no ha causado heridas en su sicología, por lo que nos parece a mi mujer y a mí. Eugenia salió para Escocia con esos referidos nueve meses y, en nuestra primera casa de Edimburgo, Craigentiny Crescent 32, - casa de dos pisos, muy suntuosa, que mudamos por causa del frío, para vivir después en un departamento sito en la calle Carelton Terrace 9a, enfrente de Holyrood Palace, la residencia real de Gran Bretaña en Escocia, y , antes, de los reyes escoceses Stewart o Estuardos, cuya historia está narrada en la siguiente entrada Internet[4]-, decía que esa nuestra primera casa de Edimburgo estaba cerca de, para nosotros, ese mar muerto del norte del Reino Unido. Muerto, porque nuestro mar tenía olas, era el Océano Pacífico, que de Pacífico no tiene nada, siempre hay temporales, lluvia, tsunamis, olas muy grandes, todo lo que faltaba en el denominado Mar del Norte, nuestro paseo habitual los Domingos sin nieve -pocos y raros-, pero el frío nos fortalecía.
Nuestro mejor momento del día, era cuando Eugenia, con sus nueve meses, era sentada en su bacinilla, para los rituales estomacales de la mañana, y jugaba al pié de la chimenea siempre encendida, sentada en su trono, y nosotros, a leer el diario Internacional de Chile, El Mercúrio, que nos era enviado por mi suegra, y para leer las cartas largas, muy largas, de nuestras madres, especialmente de la mía. En Edimburgo, había un día de la semana que era sólo para Gloria salir y pasear y encontrarse con amigos. En mi ceguera académica, no gozaba estar sólo con Eugenia, siempre leyendo, en cuanto mi mujer vitrineava, aún no teníamos amigos. Si Gloria se atrasaba, yo la recibía enojado, ella, en su cariño, pedía disculpas. Yo, en el mío, la besaba y decía: m"hijita, para una vez que sale, claro que te puedes demorar... Los Domingos eran sagrados, siempre almorzábamos fuera, con una silla especial para Eugenia, que comía con las manos, como Gloria le había enseñado aún en sus siete meses, en nuestra casa de Viña del Mar. Recuerdo dos hechos. El primero, que pedíamos tallarines a la italiana, y nos eran traídos tallarines con salsa de tomate o Boloñesa... ¡sin carne! Estábamos habituados que los tallarines a la Boloñesa eran con salsa de tomates y carne. Pero los italianos los comen sólo con salsa. ¡Por eso que el plato de comida era tan barato!. El otro, que, antes de nacer Camila, estaba yo un día sentado en nuestra casa de Talca, después de volver de Edimburgo, a pensar y, sin darme cuenta, nuestra hija Eugenia se levantó de su silla y dijo: "Papá, algo hace falta, no sé, no sé, pero ni pareces mi papá. ¡Ah, ya sé! ¡Y me pasó un libro! Lección de la niñita de esos días, que no he olvidado ni debo olvidar hasta el resto de mi vida. Como ella también hace, hoy en día. Adulta, lee con sus hijos, nuestros nietos, como nosotros leíamos con ella y la ya nacida Camila, que se dormía con los cuentos de Tolkien, más tarde, en Cambridge, en nuestra casa de Bateman St.53. Ella esperaba que yo jugara con ella, que la entretuviera, que le dedicara mi tiempo, como hacíamos en Escocia. Había una gran diferencia, que ella no podía entender en sus cortos años: en Escocia, éramos solo tres de nosotros y esa falta de familia para los latinos, es como una maldición, era un mal de ojo[5], ese ojeado o maldición, en el cuál creemos tanto los latinos. No es por ser arrogante, es por ser verdad que digo que nunca tuve esa premonición del llamado mal ojeado Nunca nada es de su responsabilidad, siempre todo es de la responsabilidad de otros, las personas no invierten porque, después de realizar un negocio, puede pasar puede pasar un gato negro enfrente de nosotros de la izquierda para la derecha, la persona queda parada, el negocio, con certeza no debe resultar y, para espantar la maldición, rezan un Padrenuestro o tres Ave Marías, para deshacer el encanto, o, aún más, hace gárgaras de agua con sal, o salmuera como sahumerio, lo que he como he visto hacer entre los trabajadores rurales con los que he convivido y analizado, en la Cordillera de los Andes.
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terça-feira, 18 de maio de 2010
As crianças crescem
Ensaio de Etnopsicologia da infância
Raúl Iturra
(texto em quatro andamentos, escrito velozmente ao som de Tchaikowski)
1º ANDAMENTO
É o crescimento das crianças, que tenho observado ao longo do tempo. Também das minhas, mas não só. As minhas são as mais importantes. Feitas por mim, em conjunto com a pessoa da minha paixão. Mas, há mais crianças que os que se dedicam à ciência observam e com as quais aprendem. E que acabamos por não incluir nos nossos estudos. Porque para um observador das ideias com as quais as pessoas transformam a materialidade da vida para a sua continuidade histórica, voir, a sua reprodução, a criança acaba por ser um dado inexistente.
A Ciência tende a ver a criança como a pequenada que está aí sem mexer nem dizer nada. Só cala e observa e serve para ser mandada ou para aliviar a trabalheira do que o adulto faz.
Atitude diferente tiveram através dos tempos, John Locke ( 1693 ), Jean Jacques Rousseau ( 1762 ), Bronislaw Malinowski ( 1922 ), os etnólogos portugueses como Teófilo Braga ( 11914-1915 ), Adolfo Coelho ( 1882-1916 ),
Maria Rosa Colaço ( s´d ), Maria Emília Traça (1992), e toda a equipa que tem comigo trabalhado nas duas ultimas décadas em Portugal, Espanha, França, Holanda, Africa, América Latina. Philippe Ariés (1960-1972) soube caracterizar muito bem essa atitude diferente, ao longo do tempo.
É com esse respeito de aprender com as crianças que a minha querida equipa tem trabalhado em vários Países e Continentes. Equipa de que fazem parte Luiza Cortesão, Stephen Stoer, Helena Costa, Telmo Caria, Ricardo Vieira, Filipe Reis, Amélia Frazão, Darlinda Moreira, Angela Nunes, Paulo Raposo, Luís Souta, Henrique Gomes de Araújo, Rosa Melo, Eduardo Costa, Alexandre Silva, Elvira Lobo, José Maria Cardesin, José Maria Valcuende, Marie- Elisabeth Handmann, Paula Iturra, Blanca Iturra, entre outros. Outro, porque não é minha intenção aborrecer o leitor com uma longa lista de estudiosos do comportamento infantil.
Quero só dizer que todos nós, como equipa, temos tido a preocupação de andar de papel e lápis na mão, a brincar, a recolher histórias da memória social do grupo no qual a criança vive.
Raúl Iturra
(texto em quatro andamentos, escrito velozmente ao som de Tchaikowski)
1º ANDAMENTO
É o crescimento das crianças, que tenho observado ao longo do tempo. Também das minhas, mas não só. As minhas são as mais importantes. Feitas por mim, em conjunto com a pessoa da minha paixão. Mas, há mais crianças que os que se dedicam à ciência observam e com as quais aprendem. E que acabamos por não incluir nos nossos estudos. Porque para um observador das ideias com as quais as pessoas transformam a materialidade da vida para a sua continuidade histórica, voir, a sua reprodução, a criança acaba por ser um dado inexistente.
A Ciência tende a ver a criança como a pequenada que está aí sem mexer nem dizer nada. Só cala e observa e serve para ser mandada ou para aliviar a trabalheira do que o adulto faz.
Atitude diferente tiveram através dos tempos, John Locke ( 1693 ), Jean Jacques Rousseau ( 1762 ), Bronislaw Malinowski ( 1922 ), os etnólogos portugueses como Teófilo Braga ( 11914-1915 ), Adolfo Coelho ( 1882-1916 ),
Maria Rosa Colaço ( s´d ), Maria Emília Traça (1992), e toda a equipa que tem comigo trabalhado nas duas ultimas décadas em Portugal, Espanha, França, Holanda, Africa, América Latina. Philippe Ariés (1960-1972) soube caracterizar muito bem essa atitude diferente, ao longo do tempo.
É com esse respeito de aprender com as crianças que a minha querida equipa tem trabalhado em vários Países e Continentes. Equipa de que fazem parte Luiza Cortesão, Stephen Stoer, Helena Costa, Telmo Caria, Ricardo Vieira, Filipe Reis, Amélia Frazão, Darlinda Moreira, Angela Nunes, Paulo Raposo, Luís Souta, Henrique Gomes de Araújo, Rosa Melo, Eduardo Costa, Alexandre Silva, Elvira Lobo, José Maria Cardesin, José Maria Valcuende, Marie- Elisabeth Handmann, Paula Iturra, Blanca Iturra, entre outros. Outro, porque não é minha intenção aborrecer o leitor com uma longa lista de estudiosos do comportamento infantil.
Quero só dizer que todos nós, como equipa, temos tido a preocupação de andar de papel e lápis na mão, a brincar, a recolher histórias da memória social do grupo no qual a criança vive.
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sábado, 15 de maio de 2010
Um debate sobre etnopsicologia da infância
Raúl Iturra
Raramente as pessoas utilizam o telefone para falar. Especialmente por causa do incremento sem aviso do imposto sobre cada telefonema. O executivo usou o dia 13 de Maio para aumentar preços e taxas, estava cá Ratzinger, Papa Bento XVI dos Católicos, andavam todos a correr para receber uma bênção ou procurar um milagre, desses típicos de Fátima, uma fantasia que mantém ao povo calmo e reservado. Especialmente porque uma hierarquia desse tamanho, como bem sabemos, é a agência dos pecados, obediências e desobediências dos seres humanos que o ouvem. Há a célebre frase de Georg Friedrcih Hegel no seu texto citado páginas antes neste sítio de debate: Filosofia do Direito, 1920, Triers, Prússia, que o seu discípulo Kart Marx não se cansava de rebater, quer mo seu livro de 1843: Crítica a Filosofia do Direito de Hegel, e analisa com minúcia e profundidade no seu panfleto intitulado Manifesto Comunista, redigido como sabemos pela sua mulher, a Baronesa socialista Johanna von Westphalen, ou Jenny Marx, ou como os seus biógrafos a designam, Jenny la Rouge, como se intitula a biografia de Heins Friederick Peters, 1986, Allen & Winnin Londres. Acrescenta, como a biografia do pai escrita por Eleanor Marx-Avelling, que sem Jenny nunca teria existido Marx.
É o que falamos os adultos e o que nós usamos para estudar crianças, como fez Marx, usando o método dialéctico nos seus livros sobre a Teoria da Mais - valia de 1862, 1º volume, e 1863, o segundo.
Sobre crianças, Kart e Jenny pensam, debatem, amam imenso e as estudam, como mais tarde faria George Devereux na etnia Mohave dos USA. E nó, em Portugal, como está referido ao pé de cada ensaio.
São ensaios escritos após trabalho de campo com crianças e ensinados na minha universidade. Esquecemos, com Carlos Loures, esse 26% dos telefonemas, e acabou em, por enquanto, estes quatro textos de etnopsicologia, que com prazer entrego ao público. *
__
*Estrolábio iniciará amanhã a publicação desta série de textos do Professor Raúl Iturra
Raramente as pessoas utilizam o telefone para falar. Especialmente por causa do incremento sem aviso do imposto sobre cada telefonema. O executivo usou o dia 13 de Maio para aumentar preços e taxas, estava cá Ratzinger, Papa Bento XVI dos Católicos, andavam todos a correr para receber uma bênção ou procurar um milagre, desses típicos de Fátima, uma fantasia que mantém ao povo calmo e reservado. Especialmente porque uma hierarquia desse tamanho, como bem sabemos, é a agência dos pecados, obediências e desobediências dos seres humanos que o ouvem. Há a célebre frase de Georg Friedrcih Hegel no seu texto citado páginas antes neste sítio de debate: Filosofia do Direito, 1920, Triers, Prússia, que o seu discípulo Kart Marx não se cansava de rebater, quer mo seu livro de 1843: Crítica a Filosofia do Direito de Hegel, e analisa com minúcia e profundidade no seu panfleto intitulado Manifesto Comunista, redigido como sabemos pela sua mulher, a Baronesa socialista Johanna von Westphalen, ou Jenny Marx, ou como os seus biógrafos a designam, Jenny la Rouge, como se intitula a biografia de Heins Friederick Peters, 1986, Allen & Winnin Londres. Acrescenta, como a biografia do pai escrita por Eleanor Marx-Avelling, que sem Jenny nunca teria existido Marx.
É o que falamos os adultos e o que nós usamos para estudar crianças, como fez Marx, usando o método dialéctico nos seus livros sobre a Teoria da Mais - valia de 1862, 1º volume, e 1863, o segundo.
Sobre crianças, Kart e Jenny pensam, debatem, amam imenso e as estudam, como mais tarde faria George Devereux na etnia Mohave dos USA. E nó, em Portugal, como está referido ao pé de cada ensaio.
São ensaios escritos após trabalho de campo com crianças e ensinados na minha universidade. Esquecemos, com Carlos Loures, esse 26% dos telefonemas, e acabou em, por enquanto, estes quatro textos de etnopsicologia, que com prazer entrego ao público. *
__
*Estrolábio iniciará amanhã a publicação desta série de textos do Professor Raúl Iturra
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