Raúl Iturra
Fue una llegada maravillosa. Nunca la olvidaré. Duramos juntos pocos días en casa de Gonzalo y Consuelo. Ellos partieron a Sussex, yo, a Cambridge. Nuestra vida sin extraños, comenzaba. Mariana, nada tonta, comenzó por salir a la calle en Sussex, en busca de empleo, con los hijos de la mano, o, más bien, con Panchito de la mano y Daniela, un bebé, en su coche de guagua[24]. Salió a conocer la ciudad y a buscar trabajo, sabía que el sitio de Visiting Professor iba a durar sólo seis meses. Y, sin miedo ninguno, se fue presentando en todos los lugares donde había un letrero que decía Vacancy, que en Castellano sería: Puesto de Trabajo Vacante. Y comenzó por limpiar el suelo de una librería, pero los propietarios en breve se dieron cuenta de que era una señora: hablaba bien inglés, se vestía con ropas elegantes, que sabía de autores al clasificar el stock de la librería por ciencias y le ofrecieron el puesto de secretaria. Y comenzó a vender libros y, más tarde, era ella quien abría y cerraba la librería, en la ciudad de Brighton, donde está la Universidad de Sussex. Pancho no tenía ánimo, sufría de grande depresión por todo lo perdido, por lo cual, nos quedamos en casa de ellos mucho tiempo. Pancho se animó y compró lo que llamábamos "El Negro Morris", es decir, un automóvil Morris, pintado de negro, de los tiempos de la guerra. Era en ese auto que nos íbamos a la Biblioteca de Sussex para leer y estudiar.
Un día, estábamos en la Biblioteca, muy silenciosa como todas las de Gran Bretaña, y yo, sin querer, me tiré un peo.[25] ¡Se me escapó! ¡Mi compadre se reía sin querer, pero no se cansaba de reír!. Con todo, muy británico yo, ni pestañeé y continué como si nada hubiera pasado. Pero fue la mejor broma del año entre los amigos chilenos.
Este es el ambiente en que crecieran nuestras camelias, a reír y ser amigas de los otros. Nosotros éramos extraños, pero supimos adaptarnos a la cultura local. Había que trabajar para ganar la vida.
Las formas de trabajo eran diferentes entre todas las personas. En nuestras casas, parecía no haber muchos problemas. El hecho de quedarnos en el hogar de la familia Vio Giacaman, era porque presentíamos la necesidad de apoyarnos y, durante un tiempo, estábamos calmos e as nos divertir. Era necesario habituarse a otra cultura y, para los Vio, aprender inglés, conocido por nosotros, cuando los Iturra González éramos solo tres, durante nuestra estadía en Edimburgo, en los años 60. Fueron unas vacaciones colectivas. Excepto Mariana, que ya trabajaba en su librería, pero que en las tardes se juntaba a nosotros para pasear al pié del mar, o ir a la playa de Brighton, llenas de piedras. Hasta mi delegado orientador de tesis, ya amigos nuestros, Milan y Jarka Stuchlik y sus hijos, se juntaran a nosotros durante un fin de semana prolongado, no para trabajar, para divertirse también. Era evidente, sin embargo, que al estar todos juntos, Pacho, Milán y yo, hablábamos de trabajo, de teoría. Sin embargo de lo que más hablábamos era de lo que había acontecido en Chile en los años 70, ese 11 de Septiembre de 1973, que nos había colocado a todos fuera de Chile. Nosotros, por la segunda vez, como los Stuchlik, huidos de la invadida Checoslovaquia, su país natural, para Chile, por la hoy desparecida Unión Soviética. Milán, decía normalmente estar cansado ya de andar de país en país por causa del comunismo colonizador. Pancho y yo, aún con nuestros ideales socialistas más vivos que nunca, exasperados por el exilio y la vida pobre que llevábamos, acostumbrados como estábamos a una holgura desparecida con el exilio, replicábamos ardientemente que no era sí, que de cierto la Unión Soviética estaba a hacer un bien a los pueblos que la formaban. Ellos no callaban y contaban historias trágicas sobre la invasión de países independientes, resultado de la repartición del mundo europeo y asiático entre las potencias vencedoras. La invasión era o de ocupación con tropas, como es relatado en los libros de Historia, o de ocupación industrial, como aconteció con el Japón e Italia, bajo las manos de la República Norteamericana, los Estados Unidos. El futuro daría razón a Milán, al caer, como he referido en otros textos míos, el muro de Berlín y quedar no sólo Alemania reunificada, bien como el mundo todo bajo el poder de las industrias y del gobierno Norteamericanos. Excepto que Alemania rápidamente recuperó su autonomía y su industria creció sin inversiones de los industriales norteamericanos.[26]
Nuestros hijos iban aprendiendo sobre la vida, de la peor forma posible: Golpe de Estado, subyugación comercial, cárcel, represalia y tortura en campo de concentración, carencia de un país propio y otras ideas, que hacían temblar a sus padres, en consecuencia también a sus hijos. No querían más saber lo que había pasado con los papás, apenas querían divertirse y tener el placer, nunca antes visto o sentido, de los papás estar siempre con ellos. Por lo que, decidimos los adultos, que enfrente de los niños nunca más se hablaría de nuestras torturas éticas, sicológicas, físicas y económicos. La lucha no era por la vida, era por la sobre vivencia. Fue necesario presentar un rostro alegre y calmo enfrente de ellos.
No en vano ya estaba a orientar mi saber por el saber de analistas, para criar hijos. No resisto poner dentro del texto, lo que opina una de mis santas analistas, Alice Miller, que uso mucho en mi proceso de enseñanza y aprendizaje, concepto definido por mí, en un texto mío, de nuestra Revista Educação, Sociedade e Culturas. Es dicho sobre ella, en un comentario del libro, lo siguiente: Alice Miller, nos descubre la raíz de muchos de nuestros males, originados durante la infancia y, en particular, analiza las enseñanzas que recibimos a tan temprana edad. En efecto, los adultos sofocan prematuramente los conocimientos de niño adquiere por si mismo, con el fin de impedirle, a su vez, la educación transmitida por otro adulto. Así mutilado, el niño difícilmente accede con naturalidad a la madurez. Más aún, los obstáculos al desarrollo de su saber le lleva a creer que el mundo está construido de muros y alambradas. En adulto, aprende también que debe parapetarse tras un cúmulo de prejuicios. Miller explica como podemos recuperar ese "saber proscrito" que sigue vivo, aunque reprimido en cada uno de nosotros[27].
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sábado, 22 de maio de 2010
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