Raúl Iturra
Las dos tuvieron ese permanente desmame cuando eran pequeñas, que no ha causado heridas en su sicología, por lo que nos parece a mi mujer y a mí. Eugenia salió para Escocia con esos referidos nueve meses y, en nuestra primera casa de Edimburgo, Craigentiny Crescent 32, - casa de dos pisos, muy suntuosa, que mudamos por causa del frío, para vivir después en un departamento sito en la calle Carelton Terrace 9a, enfrente de Holyrood Palace, la residencia real de Gran Bretaña en Escocia, y , antes, de los reyes escoceses Stewart o Estuardos, cuya historia está narrada en la siguiente entrada Internet[4]-, decía que esa nuestra primera casa de Edimburgo estaba cerca de, para nosotros, ese mar muerto del norte del Reino Unido. Muerto, porque nuestro mar tenía olas, era el Océano Pacífico, que de Pacífico no tiene nada, siempre hay temporales, lluvia, tsunamis, olas muy grandes, todo lo que faltaba en el denominado Mar del Norte, nuestro paseo habitual los Domingos sin nieve -pocos y raros-, pero el frío nos fortalecía.
Nuestro mejor momento del día, era cuando Eugenia, con sus nueve meses, era sentada en su bacinilla, para los rituales estomacales de la mañana, y jugaba al pié de la chimenea siempre encendida, sentada en su trono, y nosotros, a leer el diario Internacional de Chile, El Mercúrio, que nos era enviado por mi suegra, y para leer las cartas largas, muy largas, de nuestras madres, especialmente de la mía. En Edimburgo, había un día de la semana que era sólo para Gloria salir y pasear y encontrarse con amigos. En mi ceguera académica, no gozaba estar sólo con Eugenia, siempre leyendo, en cuanto mi mujer vitrineava, aún no teníamos amigos. Si Gloria se atrasaba, yo la recibía enojado, ella, en su cariño, pedía disculpas. Yo, en el mío, la besaba y decía: m"hijita, para una vez que sale, claro que te puedes demorar... Los Domingos eran sagrados, siempre almorzábamos fuera, con una silla especial para Eugenia, que comía con las manos, como Gloria le había enseñado aún en sus siete meses, en nuestra casa de Viña del Mar. Recuerdo dos hechos. El primero, que pedíamos tallarines a la italiana, y nos eran traídos tallarines con salsa de tomate o Boloñesa... ¡sin carne! Estábamos habituados que los tallarines a la Boloñesa eran con salsa de tomates y carne. Pero los italianos los comen sólo con salsa. ¡Por eso que el plato de comida era tan barato!. El otro, que, antes de nacer Camila, estaba yo un día sentado en nuestra casa de Talca, después de volver de Edimburgo, a pensar y, sin darme cuenta, nuestra hija Eugenia se levantó de su silla y dijo: "Papá, algo hace falta, no sé, no sé, pero ni pareces mi papá. ¡Ah, ya sé! ¡Y me pasó un libro! Lección de la niñita de esos días, que no he olvidado ni debo olvidar hasta el resto de mi vida. Como ella también hace, hoy en día. Adulta, lee con sus hijos, nuestros nietos, como nosotros leíamos con ella y la ya nacida Camila, que se dormía con los cuentos de Tolkien, más tarde, en Cambridge, en nuestra casa de Bateman St.53. Ella esperaba que yo jugara con ella, que la entretuviera, que le dedicara mi tiempo, como hacíamos en Escocia. Había una gran diferencia, que ella no podía entender en sus cortos años: en Escocia, éramos solo tres de nosotros y esa falta de familia para los latinos, es como una maldición, era un mal de ojo[5], ese ojeado o maldición, en el cuál creemos tanto los latinos. No es por ser arrogante, es por ser verdad que digo que nunca tuve esa premonición del llamado mal ojeado Nunca nada es de su responsabilidad, siempre todo es de la responsabilidad de otros, las personas no invierten porque, después de realizar un negocio, puede pasar puede pasar un gato negro enfrente de nosotros de la izquierda para la derecha, la persona queda parada, el negocio, con certeza no debe resultar y, para espantar la maldición, rezan un Padrenuestro o tres Ave Marías, para deshacer el encanto, o, aún más, hace gárgaras de agua con sal, o salmuera como sahumerio, lo que he como he visto hacer entre los trabajadores rurales con los que he convivido y analizado, en la Cordillera de los Andes.
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sexta-feira, 21 de maio de 2010
Mis Camelias-2
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